Mamá, ¿dónde escondiste los huevitos de chocolate?

Mis mellizos tienen 7 años 8 meses y hasta el día anterior a la Pascua de Resurrección de este año 2011 creían en el Conejo de Pascua, el Ratoncito de los dientes y en Santa, como dicen ellos por su influencia gringa (Viejo Pascuero en Chile o Papá Noel en otros lados).  El asunto es que hace ya algún tiempo venían sospechando que estos seres mágicos de su infancia no existían, me decían que el amigo o amiga tal o cual les había contado que todo era mentira o que no se explicaban cómo Santa podía estar en todo el mundo al mismo tiempo y hacer tantos regalos.  Esta duda suya llegó a su punto más alto el pasado sábado, cuando me preguntaron directamente: “mamá, dinos la verdad, ¿existe el Conejito de Pascua? Y ¿Existe Santa? Y ¿Existe el Ratón?”.  La pregunta era muy directa y no podía eludirla, mi esposo escuchaba desde la habitación contigua, listo para venir en mi ayuda en caso necesario.  Les hablé de la magia de ser niños, del poder de la imaginación, de lo lindo que es creer en estos seres de fantasía, de la alegría que traen a los niños pequeños y les hablé de la historia de cada celebración.  Su reacción me sorprendió, pensé que ambos se sentirían traicionados o que nos echarían en cara haberles mentido, pero no fue así.  Me preguntaron si sus primos mayores creían, les dije que no y que sus primos habían sido muy amables ayudando a mantener la ilusión viva para ellos y que ahora, ellos debían hacer lo mismo con su prima menor, de 4 años.  Mis hijos se sintieron muy agradecidos de sus primos y para finalizar, la niña nos dijo en su perfecto inglés:  “thank you for making me happy all these years” (gracias por hacerme feliz todos estos años).  A mi marido y a mí se nos llenaron los ojos de lágrimas por la emoción.  La madurez con que los niños aceptaron este cambio me demuestra que están creciendo, que tienen más conciencia de sí mismos, que su primera infancia está llegando a su fin y debo confesar que si bien esto me llena de orgullo, también me pone triste, pues siento que su linda inocencia está quedando atrás, que cada vez va a ser más difícil protegerlos de las agresiones del mundo externo y que la magia de los primeros años va dando paso a la realidad.  A la mañana siguiente, día de Pascua de Resurrección, los niños se levantaron temprano y lo primero que escuché de su boca fue: “mamá, ¿dónde escondiste los huevitos? Y es que yo, a pesar de la gran revelación de la noche anterior, sí había escondido los huevos de chocolate.  Riendo y bromeando recorrimos la casa buscando y fue muy divertido. Bueno, pensé, al menos no todo está perdido.

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Comentarios

No pretendo dar lecciones a nadie, ni siquiera tengo hijos, y quizás nunca los tenga. Y tal vez mi comentario parecerá muy grave y seriote en este contexto. Tampoco soy un tipo muy sano mentalmente, así que todo lo que yo diga no pretende ser ejemplo de nada, sólo informar de mi pensamiento en un determinado momento de mi vida con respecto a un tema.

No sé si sea un "pecado" que los niños crean en cosas como el viejito pascuero o el conejo de los huevos de chocolate por un tiempo cuando son pequeños. Quizás no sea algo de mucha importancia, pero creo que yo no podría permitir que lo creyeran ni por un momento.

Para mí, el pensamiento racional y científico es lo principal, el mayor activo de la civilización occidental, la principal razón de casi todo lo bueno que existe hoy en la sociedad, y tengo temor de debilitarlo de cualquier forma. Rechazo la religiosidad, las supersticiones, los mitos y las creencias infantiles por inocentes que sean, porque me parece que es mejor que los niños sepan exactamente cómo es el mundo desde un comienzo, con su bien y su mal, y que no vean ninguna deformación de la realidad como inocente.

Aún más, no comprendo por qué se oculta de los niños ciertas informaciones sexuales o ciertos hechos fuertes que hay en el mundo, como la muerte, las violaciones y los accidentes. No sé qué opinarán sicólogos y educadores al respecto, pero desde mi perspectiva de lego creo que no hay edad para saber toda la verdad, por mala que sea. Tengo mis dudas sobre esto de ocultar la parte mala del mundo a los niños por un tiempo. Tal vez el morbo y las impresiones visuales fuertes deban dosificarse, pero no sé si mucho más que eso.

Para mí, la mayor magia del mundo está en lo que se ve y se puede comprobar. La belleza de las estrellas y de su explicación física, la complejidad emocionante de las redes neuronales, el romántico crepúsculo con sus longitudes de onda aumentadas por el aire atmosférico, el brillo de los minerales expuestos a luz ultravioleta. En fin, creo que todo eso es superior y debería ser lo primero qe apreciaran los niños, más inspirador, más cierto y más real.

Quería comentar otra cosa, no directamente relacionada: tengo problemas con cierto discurso maternal que ha surgido hoy con la discusión del postnatal. Tengo la impresión de que hay toda una generación de madres que tienden a creer que para criar niños felices se necesita puro amor, apego, y casi criarlos entre algodones. Debe haber algo de cierto en esto, pero, ¿se puede exagerar? Pues bien, yo fui un niño sobreprotegido por una madre obsesiva, y eso me debilitó mucho, y me siguie acompañando en mi vida adulta. Siento (sólo siento, me falta conocimiento psicológico al respecto) que los niños deben saber y aprender que el mundo tiene una parte durísima y difícil desde temprano, y que no se puede tener todo lo que uno desea en la vida.

Bueno, ese es mi pensamiento, transitoriamente, porque siempre estoy dispuesto a cambiar de opinión.

¡Muchos saludos!

 

 

 

 

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No, no pretendía decir que tú fueras una madre sobreprotectora, digo que me parece percibir esa tendencia en la actualidad. Creo que se debe a que por mucho tiempo en Chile se daba que los padres y profes eran bien brutos con los niños, y ahora tememos eso y lo tratamos de compensar. Algo parecido para en los colegios, dónde ahora un profe ni siquiera puede tocar a un niño, lo que me parece un poco exagerado.

Y sí, tengo mucho de poeta, pero no quiero llevar a nadie a la credulidad. Se puede ser poeta y escritor con estilo realista y sin llevar a la gente a la irracionalidad o al sentimentalismo excesivo.

Y ahí tengo un problema, porque en mi mente retorcida me gustaría mucho escribir historias fantasiosas y terroríficas, como El Exorcista o tipo Stephen King. Me encantan esas historias, aunque no creo que exista nada de eso. Quisiera mucho escribir de eso, pero temo expandir la credulidad y el pensamiento débil, así que estoy buscando una manera de hacerlo, pero dejando muy claro que no hay que creerlo, sino imaginarlo. Aún no se me ocurre bien cómo. Por eso me acerco más al estilo de Acción y Ciencia Ficción.

Esoooo, saludos!

 

 

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Gracias Vero!!!

Qué lindo lo que escribiste!!!

Te mando un gran abrazo

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Vero, encuentro tan linda la narración de los hechos, que me emocioné con tu relato. Los niños de esa edad son seres tan especiales que saben cómo enfrentarlo todo y ver el lado positivo, casi acomodando la realidad hacia el lado medio lleno de la copa.

Ojala sigan siendo niños muchos años más, para así poder disfrutarlos y aprender de ellos, sobre todo a partir de sus simplezas.

 Un beso, Morin.

 

 

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VERITO, GRACIAS POR RECORDARNOS ,QUE ALGUN DIA, TODOS FUIMOS ASI DE INOCENTES.......RESCATEMOS ESO AHORA, YA..

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